Un cuento infantil que refleja el afán por el trabajo, y la metáfora de lo que ocurre si viene el lobo y sopla. Una fábula antigua cuyas primeras ediciones datan del XIX, en una nueva versión adaptada.

A cierta edad las experiencias en el ámbito laboral o empresarial se asemejan mucho a las que vivíamos muchos en las escuelas.

Yo recuerdo haber dicho en mi infancia que quería hacerme mayor para que no me quitaran los lápices de colores en la escuela. Pero eso lamentablemente no cambia, va sujeto al carácter humano y en realidad depende de cada persona hacer una cosa o la otra. Aunque ahora tengo el convencimiento, de que también es la sociedad en general la que cobija y permite ciertos perfiles “incómodos” que tienen como mal hábito complicarle la vida a los demás, y todos tenemos responsabilidad en ello, sobre todo en permitirlo.

El otro día con un emprendedor voluntarioso, trabajador y buena persona, la única forma que se me ocurrió, para explicarle la situación en la que estábamos metidos, yo incluida porque participaba en el proyecto con él, era contarle este cuento. Y lo primero que tuve que aclarar es quien era el lobo.

“Se llama lobo, en la metáfora del cuento, a aquel animal que quiere algo o a otros animales, y que utiliza múltiples y previsibles artimañas para conseguirlo. Sin descanso y con un objetivo: el otro.”

Dicho lo cual, el otro animal, vamos el cerdito, tiene la posibilidad y también la responsabilidad de hacerse la casa de paja, de madera o de ladrillo, es el cerdito el que decide cuando y con que hace su casa, y no el lobo.

Si la hace de paja, y el lobo sopla, todo el trabajo y el empeño que ponga en ello, no servirá de mucho porque como se sabe en el cuento se caerá. Si de nuevo la hace de paja, evidentemente el lobo la volverá a derribar, porque no solo no se va, sino que está reforzado y confiado de que puede hacerlo de nuevo.

¿Qué tiene que hacer el cerdito, o los tres cerditos juntos?

Cómo alecciona el cuento, la unión hace la fuerza, pero eso ocurre al final cuando te lo crees y te hartas de que te tomen el pelo por bueno.

En el cuento los cerditos subestimando al lobo, y obviando su responsabilidad para con todos los otros cerditos, ovejas, y burros a los que también derriba sus casas de un soplido porque esta crecido y ya no hay quien lo pare, la segunda vez  construyen la casa de madera. Y lo que ocurre de nuevo, es que la tira de un bufido, y de nuevo los cerditos tienen que salir corriendo con el rabo entre las piernas, y sin poder coger ninguna de sus pertenencias que han quedado sepultadas por los escombros, así como las horas de trabajo invertidas, las ilusiones y todas esas cosas que hacemos los emprendedores con nuestras vidas.

Otro montón de escombros y tiempo perdido.

Pero entonces los cerditos piensan, no se esconden, ni hacen ver que no ha pasado nada.

Han entendido el método del lobo, que mira que era fácil de entender, pero los confiados y buenos cerditos lo habían infravalorado, porque a los malos, por malo,s se los desestima y menosprecia o peor aun se le permite ser malos, y eso no les quita valor, sino que al contrario se fortalece su postura de malos, y esto pasa en la escuela, en los negocios y en la vida misma.

Al grano, en esta ocasión la casa que construyen es de ladrillo, pero esa no es la mejor parte, sino que ya empiezan a hablar, se reúnen y analizan lo que está pasando, es decir cambian sus roles y pasan a la acción, no solo se protegen, porque están hartos evidentemente de la situación que no se han buscado y que sin comerlo ni beberlo ha tirado por los aires literalmente todo su esfuerzo y su trabajo.

Los tres cerditos reunidos, y sabiendo que el empeño del lobo no cesa y que va más que sobrado, porque encima se ha puesto una piel de cordero en algún que otro cuento e incluso se viste de abuelita. Esta vez le preparan una olla hirviendo de agua debajo de la chimenea, porque sin ningún tipo de impunidad seguro que se atreverá a bajar por ella, y lo que realmente pasa es que cuando el lobo ve el humo de la chimenea, se da media vuelta y se va a buscar otra casa de paja con uno, dos o tres cerditos crédulos dentro a ver si cuela.

La reflexión es, si en serio hace falta tres hipotecas, créditos bancarios para darle de comer al lobo, o también son los que permiten que este se salga con la suya, los únicos responsables de evitar la catástrofe. En el cuento el lobo avisa, en la vida no, pero como ya no somos niños, la experiencia nos debe servir para verlos venir, y eso es una ventaja que deberíamos utilizar todos a nuestro favor, de hecho en el cuento la historia de los cerditos empieza cuando ya se independizan de sus casas, es decir ya son mayores y pueden entender lo que significan los peligros.

Si, en tu proyecto te encuentras con un lobo, que los hay, aunque se disfracen de lo que quieran, y por mala suerte derriba tu frágil cabaña de emprendedor, no construyas otra casa de paja, siéntate con quien quieras y mira que ha pasado, seguro que la experiencia te sirve para reforzar tu proyecto de futuros elementos indeseables.

Al lobo, hay que hablarle en su idioma, no valen miramientos, ni excusas, eso es miedo, hay que decirle en lenguaje de lobo, que se vaya a soplar a otra casa, que tu ya te encargarás de pasar la voz y su curriculum.