Si hay algo que me cansa últimamente de manera especial, es el YO elevado al infinito. El creciente sentido del individualismo que vivimos, que nos venden y que encontramos hasta en la sopa allá donde miremos, empieza a ser insoportable. Cuenta los TÚ, que hay en cualquier publicidad de cualquier medio, y te diré como vamos.

Es fácil, haz simplemente un pequeño ejercicio analizado cualquier plan empresarial que no sea de una asociación u organización sin ánimo de lucro, y verás lo que te digo.

En general casi todos esos consejos y estrategias tienen dos direcciones simples:

Objetivo y fin, propósito y desinterés, acción y pasividad, préstamo y banco, proveedor y cliente…

Incluso en el intercambio de cromos, y disculparme que vuelva de nuevo al tema, ocurre lo mismo, y lo lamentable es que al final esta realidad tan simple, le hace a uno replantearse las cosas.

Normalmente además, entre esas dos partes opuestas de una transacción cualquiera, las cosas nunca son equitativas, siendo así  todo iría mucho mejor. Pero tampoco es eso lo habitual, la normalidad se rige por la desigualdad de las partes en todo tipo de transacciones socio-económicas, cuanto más desiguales mejor, más profit, más cool.

Y lo cierto y absurdo a la vez, es que la sociedad, nuestra sociedad, es inviable con esa filosofía que impera en el XXI.

No hemos llegado hasta aquí, y nos precede un largo recorrido de historia, si no es porque nos hemos unido y comprometido millones de veces unos con otros para avanzar y mejorar las cosas. Hemos evolucionado en grupo y hemos colaborado unos más que otros en cambiar todo este entramado que nos hemos inventado y conformado a nuestra imagen y semejanza. Y me pregunto:

  1. ¿Dónde está la clase de cooperación en los colegios, universidades y escuelas de negocio?
  2. ¿Hay en la carrera de economía, arte o literatura por ejemplo alguna asignatura que se llame cooperación en algún centro del mundo?

Pues va a ser que no, o en pocos, (agradezco enormemente cualquier aportación al respecto si alguien conoce algún caso). Y otro dato curioso al respecto del tema, seguramente si envió este artículo para que lo publiquen en algún portal de emprendedores, que no sea el mío. Lo más probable que me digan, es que no es concreto, que le falta enfoque.

Así que lo voy a enfocar de nuevo.

¿Estamos potenciando de algún modo el espíritu colaborativo que nos define como sociedad?

Posiblemente tengan razón, cooperar, es genérico, además de esencial y básico, es decir fundamental y necesario para que se entienda bien y para que puedan cambiar las cosas.

Recibo a diario un gran porcentaje de llamadas de YO, emails de YO, o Whatsapp de YO, y casi ninguno, o rara vez, en el asunto pone:

“Te puedo ayudar en algo”.

¿Tú recibes muchos emails, que te digan eso, sin que salten todas tus alarmas?

Dicho así, con esta simpleza suena extraño, y eso es lo lamentable, porque es exactamente esa realidad, la que está encerrando en el individualismo extremo a muchas personas. Yo misma he perdido el hábito, porque me hace sentir expuesta, frágil, rara, y porque lo peor de todo, es que siento que en vez de enseñarle un buen modelo a mi hijo, lo estoy abocando a un mundo donde el YO está dando siempre codazos.

Y no me mal interpretéis por favor, no hablo de amor propio, que ese es propio, estoy hablando de ayudar, de colaborar con otro, por el simple hecho de mejorar nuestro entorno y de poder hacer que las cosas fluyan mejor, que el mal humor se disipe, y las personas se vayan con una sonrisa a casa, sin que eso cause desconfianza.

Pero enfoquemos más el tema; ¿Es rentable cooperar?

Por supuesto, de hecho en un sueño premonitorio que tuve ayer, entendí, que lo más divertido, creativo y productivo de la vida es compartir con otros tus capacidades, tus ideas y tus sueños, y evidentemente el fruto de todo eso.

Que tan solo la desconfianza, la avaricia, el afán o deseo desordenado de poseer riquezas, bienes, posesiones u objetos de valor abstracto con la intención de … nos hace infelices y malos.

Y si hay finales felices, muchos más de los que podemos ver en los argumentos de guiones repetitivos,  donde el listo de turno le roba al bueno-tonto su idea, y la vende por millones de dólares. Un tipo de temas ya cansinos, posiblemente porque la gran mayoría de producción cinematográfica está en manos de hombres, y eso no es ni bueno, ni malo, es desigual.

Y si alguien se pregunta o me pregunta donde están la mayoría de las mujeres en vez de hacer cine, me sale instintivamente, ¡Cuidando niños!. Que tampoco no es ni bueno ni malo, alguien lo tiene que hacer, aunque también en la mayoría de tertulias televisivas sobre economía, los números del bienestar económico familiar solo salgan con dos sueldos.

En definitiva cuidemos de nuestros hijos, y de los del vecino, de los compañeros de clase, y del mundo que los cobija, porque si ahí no hay cooperación, colaboración y ayuda, estamos perdidos.