Hay poderes que no se ven, aunque se conozcan. Hable de ello en mi primer libro, cuando distribuí en cuadrantes las prioridades de un proyecto empresarial a cualquier escala. Hoy me gustaría de nuevo refrescar el poder que tiene la distribución en el consumo actual y en su visión en los consumidores de futuro.

Si durante mucho tiempo la atención se enfocada en las marcas, los productores y los productos, es incuestionable que ahora hablamos mucho de DECATHLON, LIDL o MERCADONA. Y eso además de obvio, es alarmante cuando sientes que es una realidad que esta cogiendo forma en la consciencia sobre todo de los niños.

Dime que haces y te diré quien eres.

Es un refran, pero muy acertado para el tema en cuestión, todos no lo hacemos todo, esa es también una de las consecuencias de la era post-industrial de donde venimos, donde la especialización y las relaciones empresariales forman parte del juego productivo donde actuan diferentes agentes.

Para eso están los proveedores de productos, servicios, el concepto Outsourcing … un término del inglés que podemos traducir  como ‘subcontratación’, ‘externalización’ o ‘tercerización’, y que en el mundo empresarial, denomina al proceso en el cual una empresa contrata a otras empresas externas para que se hagan cargo de parte de su actividad o producción.

La pregunta es quien y que hace por ejemplo CARREFOUR.

Por qué en el imaginario de todos tenemos una identidad presente y clara, sabemos que personaliza más que una empresa: es una marca, pero una marca de que:

¿Fabrica?, ¿Suministra?, ¿ Vende?, ¿Financia?, ¿Envía?, ¿Es una tienda? o un comercio online…

Posiblemente sea muchas de esas cosas, en realidad es todas esas cosas, pero conviene reflexionar sobre cual es su base, que sabe hacer bien, y allí encontraremos algunos motivos de su éxito y sobretodo de la sociedad que se lo da.

¿Qué es lo que esa marca hace concretamente bien, o muy bien?, y la respuesta es sencilla VENDER, pero primero hay algo más importante todavía, lo que hace muy bien es COMPRAR. (*) Si en algún momento como yo, habeís tenido la oportunidad de estar en negociaciones en primera línea con la larga fila de productores que desean un espacio en sus estantes y pasillos, podríais llegar a entender que significa comprar bien.

Este tipo de empresas que ahora los niños conocen tan bien, seguramente porque sus padres los llevan a menudo a sus interminables y bien pensados pasillos, llenos de estanterias y cosas que llaman la atención debidamente estudiada, venden pero en realidad compran muy bien, esa el la clave de su negocio.

Carrefour que en francés significa “encrucijada”, es una potente cadena de distribución internacional francesa, no mayor que el grupo alemán Schwarz Gruppe ( matriz de Lidl o Makro). Técnicamente se denominan minoristas, pero teniendo en 2014 contabilizadas 860 tiendas en 33 países, la palabra se queda corta.

Esta sociedad data del 1959 y creó el concepto Hipermercado que es lo que son todas estas marcas que venden tantas cosas diferentes en grandes y pequeñas cantidades, incluso también venden sus marcas blancas o marcas propias, es decir leche, harina, azúcar, ropa … (* aunque a algunas líenas ya les esten cambiado los nombre de la marac para no llevar a más confusión).

Es decir el fabricante, o un intermediario, le cede el contenido y se lo envasa con su nombre.

Todo un concepto de MARCA, a un niño no le puedes decir que el azúcar lo fabrica CARREFOUR o MERCADONA porque no es así, pero es lo que pone en el envase, y la memoria histórica que es la que puede motivar el espíritu crítico de todo este dilema de consumo histórico, y preguntarse de donde viene el azúcar, se está desgraciadamente olvidando para las nuevas generaciones.

Volvamos a los hábitos de nuestar sociedad que es el público objetivo de todos estos proyectos. Es evidente que nos gusta comprar, posiblemente demasiado, y un establecimiento comercial de venta al por menor de todo tipo de servicios, es una mina. Y si además estan agrupados en un centro comercial cerrado, lleno de luces, aparadores e inputs emocionales de como encontrar la felicidad con eso o aquello y donde puedes ir de un escaparate a otro sin salir del edificio a que te de el aire.

Esa es una señal clara y una visión de nuestra sociedad, pero también un signo de que el consumo se ha desorbitado en un circulo vicioso como un pez que se muerde la cola, a más demnada más oferta, y a más oferta más demanda.

Me pregunto hasta cuando o hasta donde.

Ya no compramos una marca o un producto por una razón determinada, sino que sencillamente compramos en paraisos pensados para que compres, para que cojas un carrito y te lleves desde los calcetines al pack de leche o el producto de oferta de turno, y lo hacemos todos con mayor o menor conscciencia.

Será por eso, que en vez de marketing deberíamos ampliar las disciplinas profesionales que intentan poner luz a nuestros hábitos por ejemplo desde la antropología, y nunca perder la historia de vista.

Allí hay muchas respuestas a nuestras “encrujicadas”