Estamos acostumbrados desde niños a que haya un juez que apruebe aquello que hacemos y nos diga si eso está bien o no, ese es el fundamento esencial desgraciadamante de nuestro sistema educativo : profesor ( que sabe) y estudiante ( que no sabe).

No nos enseñaron a manejar y practicar la auto-crítica y ser nosotros mismos los que valoremos lo que hacemos de forma objetiva para mejorar si es necsario y para sentirnos satisfechos con el resultado si así es.

“Si has de juzgarte, hazlo tu mismo”

Cuando uno va creciendo y haciendo carrera en algún ámbito profesional sigue sucediendo lo mismo, un jefe, otro departamento, una selección de personal, otro empleado, un compañero, un cliente … todos juzgan y juzgamos, aprueban y desaprobamos nuestras capacidades y las habilidades de los demás en relación a un puesto o proyecto, cuando lo realmente interesante es poder hacerlo nosotros mismos.

Con cierta edad profesional y experiencia en un mercado de trabajo condicionado, sin entrar en detalles …  ante la posible exposición profesional a una valoración nueva , conviene ser cauto y objetivo, entender que forma parte de las condiciones del entorno y del sistema , pero sobretodo es importante dominar el ego que hemos construido con toda la trayectoria laboral vivida para que acepte la situación.

Si además eres de naturaleza creativa e innovadora es posible que  te encuentres con el grueso muro de lo establecido.

Entonces cuando decides embarcarte en una hazaña nueva y mientras intentas sopesar el equilibrio del esfuerzo que eso  supone, lo mejor es aceptar la situación tal cual es  y no buscar la validación de los demás para seguir o no adelante en un empeño determinado, esa respuesta la tenemos seguro nosotros mismos.

Hoy ha llegado la carta de Clara, cuando ya me iba sin mucha ilusión  tras meses de esfuerzo en un campo nuevo sin literalmente haber podido disfrutar de un café  con los que anhelaba como mis nuevos colegas. Clara me da las gracias y me dice que ha sido una de sus asignatura prefería, y yo o mi yo finalmente se alegra y vuelve a brillar, aunque ya había entrado en la fase de la aceptación sin más.

Una vez más aprendo que lo verdaderamente importante es la decisión propia de hacerlas cosas y estar satisfecho con uno mismo, lo importante en este caso en concreto era que cada estudiante pudiera  aprender y disfrutar de ese tiempo compartido, y ese es el premio o la valoración acertada, lo demás es totalmente secundario.

Para seguir adelante no debemos condicionar nuestro camino y nuestras expectativas en base a los demás no importa ni la edad, ni la formación, aunque si es un grado  la experiencia que vamos adquiriendo y que nos sirve para contrastar cada nuevo reto que emprendemos, y saber que tal vamos, esa si es una buena regla de medición.

Es posible que no consigamos nuestros propósitos a la primera, pero nunca son los demás los impedimentos para ello, sino nuestra confianza en nosotros mismos y la capacidad que tengamos de perseguir nuestros objetivos.

Cuando mi hijo me dice que me parece ese dibujo que acaba de hacer lo primero que le digo es que muy bien, y luego lo invito a que ál lo valore, si me dice lo hago mal, le invito a que lo repita o a que no se desanime si no le sale como a él quiere porque ese motor de la auto-critica es el que le hará sentir que puede mejorar pero que lo que hace lo hace bien porque nadie le puede salvo él decir lo contario.