Los negocios son una de las actividades profesionales y sociales que más practicamos los seres humanos en nuestra vida, y una de las que más alejada está de nuestra verdadera naturaleza y de nuestros valores como persona. Las escuelas de negocios han enseñado a ponerse un traje, pero muchas veces no precisan en enseñar y mostrar el arte de como saber vestirlo.

Sea profesional o empresarialmente, el trabajo y por tanto nuestra actitud en el desarrollo del mismo, es la moneda de cambio con la que invertimos nuestro tiempo a cambio de dinero.

Y ya hay demasiadas generaciones que creen, que una cosa es nuestro ámbito profesional y otra muy distinta nuestro ámbito personal, y perdonarme pero somos siempre la misma persona.

Mi madre siempre decía que para tener éxito en los negocios, es una de las frases que más podrás leer en este blog” , debias ser un …(digamos mala persona), y yo siempre me preguntaba como serían esas personas en sus casas.

Esa opinión empresarial materna, supuso que en mi subconsciente y durante muchos años, me costara llegar al éxito, porque yo nunca he querido ser una mala persona.

Pero no queda allí el baile de disfraces en los que a veces se dan esas relaciones en el mundo de los negocios, porque desde esa misma premisa o prejucio social tan extendido en nuestro país, aparece “el fantasma contrario”:

-” Por lo tanto sino soy un tiburón despiadado de los negocios, soy una tonta de los negocios…”.

Demasiadas veces veo actitudes que no responden a la sonrisa, ni a los valores que supuestamente presenta una tarjeta de visita, es obvio que un buen marqueting hace mucho, pero no engaña a nadie a largo plazo, porque al final siempre sale la foto bien retratada de lo que es o somos. Antes me enfrentaba a estas situaciones,  y no diré que no me afecten, pero ahora de forma mucho más madura, me pregunto que quiero, si eso que sucede realmente va conmigo, y que puedo hacer al respecto.

Cuando haces cosas te pasan cosas, eso es obvio, y yo veo a diario personas actuando, sobreactuando, ser clientes, ser proveedores, dirigir y ser dirigidos… y por lo tanto cambiar de traje constantemente. Muchos de ellos creen que cuando van a tomar un cafe contigo, “en la intimidad”, se mostraran como realmente son, y eso no funciona así, donde realmente se muestran como no son, es en la práctica de sus actos.

Lo aprendí en Italia, esa manera de mostrarse en público y de actuar en lo privado es increíblemente sutil y aceptada, pero también corroboré en mi estancia en Alemania, que hay culturas que practican otras formas de hacer negocios, y que en mi caso tienen mucho más que ver con mi manera de  ser.

Y como siempre recomiendo, me quedo con lo mejor de todos sitios.

Pero en la sociedad que vivimos,  he de lamentar que todavía hay más negocios, decisiones y verdad debajo de la mesa que encima, y eso se ha convertido en un mal endémico en el cierta parte del mundo profesional en España. Aquí esa “doble moral”por razones históricas y durante muchos periodos de nuestro pasado reciente como cultura se ha acomodado en una forma de hacer muy poco clara, sin embargo el mundo a cambiado, y esos muchos modelos de poca ética, que des-gobiernan y des-lideran el país, estan quedando bien retratados al mundo.

Sino actuamos con valores en cualquier lugar de nuestra vidas, las cosas se enredan y no van bien, es así de simple y sencillo.

Vivimos con objetivos a corto plazo, con una inmediatez que creemos que si ganamos ahora, justo en este “asalto”, eso dará los frutos que deseamos,  pero así la competencia se vuelve cruel y sin alma. Un peral no nace antes de lo que le toca, y si algunos de los muchos factores que influyen en su crecimiento falla, las peras no salen del todo bien.

Por lo tanto practicar una actividad ética en aquello que desarrollamos beneficia al proyecto en primer lugar, pero sobretodo nos beneficia a nosotros mismos, lo demás como le digo a mi hijo, es solamente una opción.

Ser malo o hacer mal las cosas, es una opcion como hacerlas bien, solo eso, tú elijes.