Todos somos diferentes, ese gran crisol que conforma nuestra humanidad, esa diversidad inmensa de opiniones, gustos y vidas, es lo que hace posiblemente que hayamos conquistado todos juntos el planeta , pero muchas veces unos a costa de otros.

Eso ya pasa en la naturaleza con otras especies, unas viven de las otras y juntas conforman ecosistemas increíbles de diversidad. Como las plantas epífitas, entre las que se encuentra la orquídea, epi en griego es sobre y phynton planta, y hace referencia a aquellas plantas que crecen sobre otro organismo vegetal, denominado forofito, que utilizan como soporte y no obtienen ningún nutriente de él, pero se apoyan.

Este es un ejemplo que me gusta utilizar, no solo por la belleza de la planta, algo que a los humanos parece habernos hipnotizado, sino porque está absente de juicios de valor, y se entiende, y tampoco nadie dice:

                -“¡Pobre Forofito! (*árbol).

Bien, nuestro ecosistema legal, económico y social, cada vez es más diferente de este tipo de leyes naturales. Nuestros principios tienden a separarse, se bipolarizan, se acentúan extremos, siendo una punta y otra de cualquier tema, cosas totalmente contrastadas y alejadas, tan alejadas  que a veces se repelen, y en consecuencia muchas veces nos obliga innecesariamente a ponernos en uno u otro extremo de cualquier cosa.

Por ejemplo: hay dos maneras simplificadas de entender el mercado, desde dentro y desde fuera, y hay dos maneras de acometerlo o de explotarlo, desde una forma legal o pasando directamente de todo y entrando en el lado oscuro.

Una cosa podría ser por ejemplo, la liga de los trabajadores honrados y laboriosos …, y la otra la de los listillos oportunistas… Lo dejo allí para que cada uno complete ese perfil como quiera.

Entiendo como lícito, no solo lo referente a las leyes que hacen los hombres dentro del cualquier ámbito, que este tema da para un libro o más, sino al conjunto de reglas que nosotros nos hemos impuesto para vivir de forma respetable, considerada y justa. Esa parte legítima del juego que nos permitimos todos y que comúnmente es admitida, aunque no todos la acepten por igual, es decir las reglas de nuestra humanidad.

Pero parece que el poder y el dinero corrompen, eso parece.

Siempre recurro a la explicación de Yuval Noah Harari y mi interpretación de lo que leí, sobre como plantea que el Homo Sapiens, “homos anatómicamente modernos” muy parecidos a los que somos hoy, hace 130.000 años fue vencedor indiscutible por sus contundentes maneras de otros géneros de humanos menos belicosos que se encontró por el camino,  y que no lo sobrevivieron porque este se erigió en vencedor.

Noah también afirma que los genes de los perdedores debieron quedar esparcidos por el mundo, y yo me lo imagino en pequeñas dosis de otros humanos, que antes de abordar, morder o atacar, prefieren recolectar, arar o sembrar.

Lo que ocurre, es que el mundo de los negocios internacionales, de los actores económicos y empresariales que mueven el capital, las inversiones y todo lo demás, es otra liga. Si tienes la ocasión de ir a parar a esos círculos por “causalidad” porque copan y ocupan  gran parte del mercado donde queremos estar todos, y donde existe esa evidente preponderancia del poder y del dinero. No te desanimes aunque te traten con desprecio porque lo que sucede en realidad es que somos de especies diferentes obligadas a convivir en el mismo habitat empresarial y económico, pero diferentes, y por lo tanto es normal que te sorprenda.

Y aunque no entiendas la postura que muchas veces adoptan, ni tampoco lo que proponen, y si además pretenden hacerte sentir como un pardillo,  es fácil caer en el victimismo, por una sola razón, porque crees que con tu ejemplo de no actuar como ellos no sirve de nada y piensas erróneamente que nada puede cambiar las cosas, y en cambio si que lo hará.

Y la pregunta es sencilla, ¿Aceptarías negocios con compensaciones económicas muy fructíferas para ti, pero que no resonaran nada con tu forma de hacer las cosas y tus valores?

Por supuesto todo dentro de lo aceptado, o aceptable por ese flujo de capital que se mueve por el mundo con maneras y leyes de mercado propias.

Esa pregunta tiene trampa, porque es imposible muchas veces no pensar en uno mismo, y si además eso ocurre después de meses de trabajo ilusionante, es difícil de asimilar, y puedes acabar pensando que si ya está todo corrupto, si no hay leyes o normas que protejan y cobijen los proyectos de esfuerzo, de creatividad, servirá de algo ser fiel a tu manera de entender lo correcto, y  más preguntas:

¿Cómo vamos a tener una opción en ese mercado?, y más aun ¿Qué es bien? y ¿Qué está bien?

Entre nosotros, para mi bien, no es la injusticia, ni el sacrificio inútil de chocar contra algo que no se puede cambiar, para mi bien, no es tener un gobierno corrupto, que habla de legalidad, para mi bien, no es que haya hambre en el mundo, y un excedente de producción alimenticia que da miedo, para mi bien, no es que paguen impuestos los que menos tiene, y ningún impuesto los que si tienen, para mi bien no este mundo de constraste que hemos creado y perjudican a muchos y benefician a pocos.

Así, ¿Qué harías tú? , ¿Aceptarías las normas de este tipo de juegos?

Dedicado a tí Lluís, porque lo que hace falta son seres íntegros.