Soy especialista en Marketing, lo que quiere decir que sé cómo se hace para motivar, sorprender y emocionar a las personas hacia un producto de consumo, pero sobre todo soy una persona de principios. No lo digo, lo demuestro cada día en mi trabajo,  y bajo ningún concepto entiendo que el marketing tenga el derecho de manipular, confundir o dirigir a nadie, mucho menos a los niños.

Eso es algo que no debería decir yo, sino el gobierno, pero anda enfrascado en otras cosas, así que me permitiré el lujo de escribir en mi espacio virtual una crítica constructiva, porque me parece un asunto de gran importancia.

Como sabéis muchos de los que leéis mi blog, la maternidad fue el detonante de mi activismo profesional, y digo activismo porque en cierto sentido iba en contra de lo que hacen todos, o muchas personas en mi sector, alabar los logros de las grandes marcas comerciales.

Dicho esto, que obvio valoro el mérito que supone estar presente en el mercado,  para nada entiendo que se den por buenas todas sus prácticas o acciones, y creo muy necesario llevar a la crítica constructiva, si así lo merecen, lo que hacen algunas de ellas.

“Necesitamos vivir simplemente para que otros puedan simplemente vivir”

– Ghandi

Responsabilidad en el consumo

En mi hogar desde hace unos meses y casi sin poder evitarlo, han entrado palabrejas de patio de escuela como “garrapiñar” “pillar” o ” carroñar“… algo que evidentemente no había deseado nunca que formara parte del lenguaje de mi hijo. Y sin darme cuenta esas palabras, y por tanto actitudes, han venido de la mano de una colección de cromos “inocentes”, de una empresa que data del 1961, es decir experiencia en ello tiene.

Yo misma he sido consumidora de los productos de esta empresa en mi infancia, y siempre había promovido el intercambio, y el pequeño o gran mercadeo que se genera en torno a una colección, una historia o una moda versionada en cromos.

Otra cosa, y va a dar de sí el álbum de los recuerdos, es que data del 83. Es decir, yo tenía 14 años, y mi hijo tiene 7.

Hasta aquí bien, pero esto es otra cosa, y SÍ, lo digo como madre, me preocupa mucho ver la infelicidad que le causa a mi hijo que le quiten o roben (llamemos a las cosas por su nombre) los cromos. O que tenga ansiedad por comprar cada día un sobrecito mágico lleno de cromos repetidos, algo que no es ninguna novedad.

La innovación debería caminar en muchas direcciones y no solo en la comercial. Y sí, es posible ser más innovador sin recurrir a los tópicos. Es hora de ser más creativos y cooperantes con nuestra sociedad, sobre todo con la infancia

Lo digo porque la colección podrían haberla hecho de ciencias, de museos, de astrología, de civilizaciones perdidas, de gárgolas del renacimiento italiano, de viajes, de la historia del juguete, de alimentos del mundo… pero no en plan tostón ( no sé si se utiliza la palabra), sino de forma creativa y agradable para ellos. Ahí está la gracia.

Pero vayamos a los datos que han provocado que escriba este artículo: vender se vende, de eso no tengo ninguna duda, pero lo lamentable es que han contribuido con sus novedades a algo más, que es exactamente lo que me indigna. Si leen este escrito, espero que lo tengan en cuenta de forma constructiva.

Hay como mínimo (y que yo haya conocido por mi hijo, evidentemente), tres tipos de cromos, con tres tipos de precios y distintivos estéticos gráficos en el packaging, en el posicionamiento en el punto de venta…etc

1- Los de los ricos: 10€ con las cartas soñadas por todos.

2- Los de los medio ricos: 5€ con cartas medio buenas.

3- Y los sobres de los pobres: a 1€. Evidentemente, para potenciar los otros, como mínimo (y lo tengo comprobado), tienen un cupo de repetidos suficiente para que el deseo por lo que no se tiene crezca y se haga más grande.

Pues bien, esto es lo que ha ocurrido con esta estrategia de marketing comercial, y lo digo por si sus antropólogos expertos recogen datos sobre lo que implican sus actos comerciales (otra disciplina que sin duda puede mejorar mucho el consumo de nuestra sociedad cansada de materialismo), es lo siguiente:

Los de 1 euro, “se venden a peso”, ni siquiera los miran, pero se venden, se regalan y se roban a peso, esos personajitos con pantalones cortos y con nombre propio del equipo del Huelva, (  no sé si hay equipo), pasan a “ser nada” en manos de niños, porque todos desean los “megacracks”, la escuadra invencible”…¿Y qué hace un adulto cuando un niño le pregunta qué es un megacrack?

Pues mira hijo, este concretamente es un jugador de futbol… ¿Y qué se supone que van a querer ser de mayores? Pues eso, unos megacracks como los de los cromos.

Señores de Panini, eso no se hace, son niños, y nosotros, los padres, luchamos contra una afrenta constante de publicidad, escaparates, promociones que nos desbordan a cada minuto. Ya acepto y entiendo que así es nuestra sociedad, pero esto es otra cosa, se llama responsabilidad de consumo.

Todos queremos formar parte del grupo, pero estamos fomentando actitudes competitivas a edades muy tempranas.

A mi entender totalmente innecesarias.