La filosofía empresarial ha cambiado tanto como nuestra economía, pero lo que realmente ha cambiado es la forma de entender la vida de toda una generación.

Entendemos por generación por un grupo social que ha recorrido cierta parte del camino, y que ese hecho, le haya permitido tener cierta visión y perspectiva, tanto para si mismos como para los analistas, de modo que puedan ser definidos.

No es aplicable a todo el mundo, pero profesionalmente podría verse así:

“Haber vivido algunas de las fases más importantes de nuestras vidas, que se llaman aprendizaje, especialización y acción, eso en el mejor de los casos, y en relación a nuestra manutención sustento y forma de vida.”

Muchas de las personas de esa generación “fundida” y digo fundida a posta para sacarle el máximo partido a los múltiples significados de la palabra, estuvimos entre la era de la comunicación dirigida y la de la información expandida, y en ese sentido, muchos de nosotros no escogimos, no decidimos, hicimos lo que entorno nos marco, nos obligó o nos ofreció.

Pero eso ha cambiado, porque tres generaciones atrás, vienen marcando el paso, son los hijos de esos hijos que nacieron en el siglo pasado que ya tenían y conocían la televisión, el teléfono, más tarde el fax… y que creían cosas que ahora no creen.

Durante mucha parte de mi vida profesional y me consta que de muchos, los éxitos estaba en el futuro, y el objetivo siempre estaba por alcanzar.

Si lo miro con ironía ha sido, y a veces aun es, reproducir constantemente la famosa metáfora de la zanahoria y el burro que ya sabemos que nunca la alcanzará, no porque no pueda, sino porque el futuro condiciona siempre el presente sin garantía de conocerlo, y eso toca muchas veces lo absurdo, sobretodo cuando eso lo hacemos todos a la vez.

¿Pero ahora, que se supone que somos maduros, donde está para muchos de nosotros el éxito?

Ya sabemos que toda la estructura social que ha marcada nuestra formación ya no sirve, bueno si para que ha alguien le den un Master sin hacerlo.

Ya no es la era industrial, y discrepo un poco en esa afirmación, es la era tecnológica obvio, pero también es la era de industrializar bien.

Ahora lo que tengamos que pensar, desarrollar, pensar, y poner en una línea de fabricación, en un centro logístico o en la estantería de un súper debería tener sentido y responder a algo más de lo que ha estado respondiendo hasta ahora, que es el dinero.

Y afirmando esto me pongo en contra a cualquier Plan de Empresa que se precie, ya lo he aceptado, y me importan una zanahoria, porque lo que primero quieren controlar son los beneficios, en cambio algunas personas preferímos vivir bien y dejar de controlar nada.

El mercado ha reaccionado, y si en algún momento valía la pena hacer las cosas bien, y a largo plazo, es ahora.

No es algo que todavía se vea latir a pleno corazón en el mundo empresarial, aun hay una falta de valores extrema a la hora de tomar decisiones. Decisiones que siempre nos incumben a todos, pero por fin en las mesas de reuniones donde me siento, veo algunos brotes verde  “aflorar”, criterios que responde a otros objetivos y valores que no pasan solo por una carrera a la lista Forbes.

Ahora ya sabemos quien llega hasta allí, ya no es tan misterioso y mítico, y muchos lo han hecho, no todos, no porque hayan aprovechado una oportunidad, sino por puro oportunismo, y también sabemos que hay nuevas formas de hacer las cosas, porque lo que nos va en ello, es la vida.

Un proyecto está maduro cuando adquiere la autonomía que necesita, satisface a quien lo hace y enriquece a quien lo toca sin excepción.