Un proyecto social es aquel que en sus cimientos se encuentra la voluntad de mejora, cambio y transformación de la sociedad. Puede perfectamente tratarse de servicios o pueden ser productos, pueden también ser a título personal o empresarial.

Lo que hace unos años se podía considerar como un matiz extraordinario o especial en relación a los proyectos que nacían o que ponían en marcha algunos emprendedores. Hoy, gracias seguramente a la tecnología y a la situación de la economía y del mundo en general, se ha normalizado considerablemente la consciencia, el espíritu social en la visión y los objetivos de muchos emprendedores.

Las empresas empezaron hace ya una década, y recuerdo la fecha porque empezaron a aflorar como setas contenidos y acciones que hablaban de visión, misión…

Eran textos, imágenes, publicidad que buscaba y daba forma a una nueva consciencia empresarial que matizara el abuso de la búsqueda de rentabilidad y la codicia a la que la sociedad había sido expuesta, ero un punto de no retorno que nos había llevada la soñada era industrial a colonizar agresivamente el planeta buscando allí donde producir más barato.  Muchas de esas empresas y sus departamentos de marketing deseaban humanizar la actividad empresarial a toda costa,  vamos lavar la cara de muchas empresas que ern su ADN no contenían ese gen social.

Pero ha sido en realidad Internet la que abrió una brecha enorme entre el poder de la comunicación que atesoraban unos cuantos, a la banda ancha ( y a veces mucha) de la opinión que hace posible la Autopista ONLINE  en las redes.

Internet ha llegado para quedarse, y esta es otra era. Te coja con 20, con 40 o con 60, no importa la edad sino tu capacidad de adaptación.

Este es un nuevo ecosistema donde la consciencia social de los proyectos ya es una realidad,  no es de unos, ni de otros, es posible y admisible, y ese es el verdadero cambio. Por eso es factible y muy normal que en una reunión de emprendedoras, se logre reunir y conseguir una rotunda multiplicidad de propósitos que tengan en cuenta la mejora de nuestro entorno, y cuyas actividades supongan un conjunto de acciones que mejoren el mundo, eso son proyectos sociales. Y digo emprendedoras para personalizar el caso, y de paso dar y explicar con el ejemplo que esta corriente tiene también género femenino, no excluyente sino evidente.

Las mujeres sienten lo social, porque la gran mayoría son madres en activo, crían, trabajan, colaboran, particpan…y otras muchas cosas todas al mismo tiempo, y aviso para los susceptibles que en esta afirmación no hay razón ni excusa alguna de excluir a nadie, pero si hay la convicción personal, de decir las cosas con el nombre que toca, y dejar que la diplomacia deje encubrir realidades, y efectivamente muchos de esos proyectos tienen nombre de mujer.

Así que un proyecto social es tan sencillo y posible como que aquello que uno desee emprender o hacer tenga un componente de intención de mejora de lo que sea.

Eso ya no es un plan de marketing, ni una excusa, sino una intención, y las intenciones son realmente poderosas.

En cuanto a la reflexión obligada y normal que cualquier emprendedor que quiera hacer algo se plantee, y que precede a este análisis, en relación a si un proyecto social puede ser rentable, la respuesta es sencilla.

SI