Una visión particular del mercado de las ideas, y de los valores personales.

El otro día, en una lección magistral de economía que escuchaba online mientras trabajaba. Entendí no solo conceptos técnicos muy interesantes, sino que llegué a entrever, esa esencia tan humana que hace que hagamos lo que hacemos, y que muchas veces va más allá de la razón y la lógica. Dos conceptos que por otra parte también hemos creado nosotros ( los hombres) , para intentar en vano explicar algunas cosas “inexplicables”de las que es capaz el ser humano.

Que todo el sistema que nos envuelve, como la luz de nuestras casas, es un tema exclusivamente económico, es una obviedad como un campanario, ni política, ni cultura, ni arte, ni siquiera sociedad. La economía, que no son números inertes, son cosas y responsabilidades de personas …

Es el contexto que rige nuestras vidas, y sus reglas y por tanto las nuestras, son las del mercado.

¿Y que es el mercado?

Pues parece ser, muy esquemático, que es aquello que nos inventamos hace tiempo para intercambiar cosas que necesitábamos con las menos desigualdades posibles.

Y me pregunto, si en realidad ese invento, el mercado, que ha ido evolucionando siglo tras siglo de la mano de nuestra ambición, en realidad  ha cambiado o equilibrado esas desigualdades que quería moderar.

Y la respuesta es NO, al contrario, ha acrecentado, complicado, liado… muchas de nuestras necesidades humanas. Aunque con sinceridad, tampoco me imagino como sería el mundo sin él, y a bote pronto, tampoco veo un escenario demasiado idílico. Será que eso de expulsarnos del paraíso, complicó mucho las cosas.

Pero mientras estemos aquí, y visto lo visto, deberíamos querer mejorar nuestros errores, y porque no buscar nuevas fórmulas para la convivencia. Antes si es posible de que a golpe de plástico ( por poner un ejemplo transparente) se acaben los recursos del planeta, y que vivamos en directo y retransmitido por alguna cadena sensacionalista como última edición, la desaparición del dinosaurio del XXI.

Durante todo el recorrido de nuestra evolución que ha conformado toda esta estructura megatodo que tenemos como escenario, nos ha pasado de todo, hemos comprado con sal, con trigo, con metales, con papel y ahora con código , es decir nada… ¿Y cambia algo?

No, no cambia nada.

Así que con las reglas del mercado que nos hemos montado, y con las fichas que tiene este tablero, podríamos plantearnos otra partida.

Para poner un poco de luz, a toda esta desigualdad muchas veces necesito evocar a Yuval Noah con su libro Sapiens, y entender porque hay personas con valores humanos tan diferentes y contrastados, para los que algunos la cooperación y el prójimo es un valor, y para los que no.

Yo de mercados, de verduras, valores, bursátiles, de especies, de materias primas… se nada, pero de otras disciplinas, si, y pasa lo mismo porque como ya hemos dicho, es siempre cosas de hombres. Las reglas del mercado tienen una moneda clara, el dinero, y ese es el Don que lo mueve casi todo, el casi es lo que nos salva.

En cualquier sector que se precie, a diario, puedes ver todas las actitudes posibles entorno al mercadeo: comprar, vender, adquirir, alquilar, sustraer, coger, correr, copiar, robar… todo tipo de acciones humanas con una lógica además “aplastadora”, que no aplastante, del mismo concepto de sociedad donde se dan:

Listo quien llegue primero, o lo que es lo  mismo Tonto el último.

Señores “Listos”, solos vamos a pocos sitios y mucho menos a costa de los otros.