Hoy iba a llevar a la escuela a mi hijo como cada día, y esta vez con su innata creatividad iba caminando de espaldas, al revés como los cangrejos. Yo detrás a su ritmo miraba como sorteaba papeleras, muros y farolas, hasta que en una de ellas choca, y pierde el equilibrio y… no se cae.

Y de repente me invadió una sensación infantil, lejana y próxima a la vez, y allí estaba mi creencia limitante, porque de niña cuando aun caminaba como los cangrejos había una voz en Off protectora , que siempre me decía:

¡Te vas a caer!

Yo contengo mi miedo a que se haga daño, y no me atrevo a decírselo ni a pasárselo porque esa es su experiencia

Detectar las limitaciones esenciales que tenemos en nosotros mismos es un gran logro, porque son esas barreras muchas veces las que entorpecen nuestros proyectos, llenando de inseguridad y frenos algo que en realidad podemos hacer bien. Esto es algo que ocurre muy habitualmente en el mundo de los emprendedores y también en el mundo de la empresa.

Todo tiene un fundamento esencial de base , de porque hacemos las cosas, aunque a veces nos pase por alto, tener la oportunidad de descubrirlo es exactamente eso una oportunidad, y este es sólo un ejemplo personal de una mirada diferente existen muchos otros perfectamente aplicables al ámbito profesional.

Ser madre emprendedora o  profesional te ofrece de forma frecuente un mundo de revelaciones propias que te enseñan constantemente , cosas sobre ti misma como en el ejemplo con el que empiezo este Post.

Posiblemente resumido en forma básica es  la comprensión del tiempo vital que tenemos, la necesaria gestión de las prioridades, la natural capacidad de ponerse en la piel de otro… entre otras cosas la que aumenta la visión y la calidad de la misión de lo que hacemos.

Como siempre intento extrapolar esos valores a ámbitos como es el empresarial y  me sorprende una vez más lo alejados que estamos de hacer las cosas diferentes.

Otro ejemplo de una metodología nueva, de una forma de hacer femenina diferente, me ocurrió el otro día, cuando una mujer, madre y economista de mi entorno próximo, ante mi propuesta de crear un equipo interdisciplicar que pudiera dar respuesta al mundo empresarial desde distintos ámbitos , me dijo que quedáramos para caminar , que en movimiento todo es diferente y luego si se terciaba nos tomábamos un té.

Primero me sorprendió la propuesta, luego me impresionó la sabiduría de esa persona.

Acepté, sin saber siquiera si llegaríamos al te,  y si podía ofrecerle o decirle todo lo que yo tenía en mente, porque ese objetivo trascendía a la experiencia de caminar con ella, de conocer nuestras verdaderas intenciones y saber si podíamos o no colaborar juntas. Todo ello en un ejercicio poco profesioanal por así decirlo pero muy muy efectivo.

Al final ocurrió que teníamos mucho en común pero objetivos diferentes y que la conexión personal no implicaba un proyecto común, sin ese camino tal vez no hubieramos podido concectar con nosotras mismas y decir lo que pensabamos realmente.

Muchas veces la vida  te da la oportunidad de encontrar nuevos caminos y ya no se trata  de garantizar o comprobar la idea preconcebida que de antemano ya llevas por ejemplo a una reunión, se trata de saber lo que uno quiere y de experimentar con otra persona y sobretodo de reconocer nuestras propias creencias limitantes.