“Uno cree que ya lo sabe todo, y entonces entra en la fase de perder la memoria.” Ayer me regalaron esta frase en un taller sobre la autonomía de nuestros hijos, y entendí una vez más, que aun me queda mucho por aprender.

Este blog habla de muchas cosas, todas ellas relacionadas  y con una perspectiva muy clara: las personas. Creo firmemente en la NO fragmentación de todo lo que hacemos, y en la interconexión que hay entre nuestro estado emocional, de intención, y en las acciones que acometemos, sean cuales sean.

Cuando decidí este arriesgado enfoque entre lo personal y lo profesional, incluso en ese mismo momento, no me lo acababa de creer. Fue un impulso, una necesidad de cambio, promovido por la experiencia de ser madre, y todo lo que supuso la maternidad en mi carrera profesional, pero sobretodo fue un replanteamiento vital. Y ese choque con mi profesión me empujó a tomar una determinación algo osada, decidí feminizar todo lo que pudiera mi ámbito profesional y laboral.

Hoy sigo siendo una madre que trabaja, y no una profesional que hace de madre.

Y este juego de palabras que parece fácil y divertido, es en realidad el reto más grande que yo he vivido nunca, y como sabéis algunos que ya me conocéis, he trabajado y me he reunido en el Kremlin.

Pues bien, esto va de jefes, un concepto que asalariado o no, algunos  constantemente nos preguntamos sobre quien manda en nuestras vidas financieras, a corta distancia, es decir sin llegar a la macro-economía, que allí no me atrevo ahora a reflexionar. Poniendo el foco en cada uno de nosotros y en aquellos actores que hacen posible que tengamos una nómina, un sueldo o una factura que llevar a nuestras casas, que comamos o no de ello, esa es lamentablemente otra historia.

Hablo especialmente también de la mitificada y sobre-valorada libertad de los autónomos en relación a los jefes, al final todo es como te lo tomes, y un solo cliente también condiciona enormemente la auto-gestión.

Esta mañana mi vecino, en una reunión improvisada de rellano en un edificio de viviendas o de emprendedores según se mire, me ha regalado este concepto:

Aquellos que solo tienen un proyecto o cliente del que viven, pueden ser considerados en realidad como pseudo-emprendedores.

Y en realidad la lectura es otra, la situación en la que se encuentran muchos de ellos, o nosotros, supone que es dificil hoy en día  permitirse como freelance más de un proyecto, porque ni las horas, ni las neuronas dan para más.

De todo esto surge este artículo, de la jerarquía, de la relación de potestad de unos con otros, y de nuestra disposición y oportunidades en este baile de realidades, seas un niño o un adulto.

Y la lección esencial es que entre el Poder y la Autónomia, la diferencia, es abismal.

Muchos de nosotros hemos recibido educaciones muy jerárquicas. El “quien manda aquí”, es algo que difícilmente en mi caso por poner un ejemplo, me saco de encima, aunque estoy a años luz del servilismo que se me inculcó como mujer en una escuela como la mía. Y si además a eso le sumas una dosis de respeto y consideración hacia los demás muy elevada, es muy difícil que no te meta en líos cuando se trata de capacidad de auto-gestión sobre todo en términos de rentabilidad, que no es que no la tengas, sino que muchas veces no sabes que puedes disponer de ella cuando y donde te convenga.

Pero el destino tiene algo de divertido si te lo tomas con humor,  y entonces eres madre o padre, y lo que quieres es lo mejor para tus hijos, o simplemente evitarles aquellas  cosas que reconoces en ti que no te gustan y eso no pasa porque se lo digas, sino por que lo vean, lo experimenten y lo puedan modelar.

No quiero decepcionar a nadie, pero haz lo que yo digo y no lo que yo hago, no funciona.

No se vosotros, pero lo que yo quiero para mi hijo no es que no aprenda a obedecer, sino que piense y desarrolle al máximo su autonomía, que sepa de responsabilidad y que con libertad actúe en consecuencia.

Me gustaría que conozca y que sepa aceptar las reglas con el máximo respeto, que sepa identificar las que le convienen y las que no, pero sin acatar órdenes. Es muy importante tener espíritú critico, eso me dijo una de las profesoras de mi hijo, que me encanta y a él también. Entender que el orden de los factores se altera con facilidad, y que en algún momento la vida te coloca a un lado de un escritorio, pero al minuto siguiente te sitúa en el lado contrario, y en ese sentido la plasticidad es una gran ventaja.

Siento que tenemos que aprender mucho los dos, en mi caso además he de re-aprender conceptos como el de la consciencia de la individualidad, o por ejemplo entender que a veces se avanza y que a veces no, sin que ello afecte a nuestra propia confianza.

Esa tranferencia de datos que debo hacer pasa porque yo sea lo más consecuente que pueda con lo que le digo.

La flexibilidad y una gran dosis de autoestima te ofrece la adaptación necesaria para afrontar los nuevos tiempos que nos están tocando a todos vivir, algunos con más o menos años, algunos con más o menos experiencia.