Mandar versus delegar, controlar versus gestionar.

Entre lo personal y lo profesional no hay línea alguna de separación.  Entendernos, comunicarnos es la mejor forma de conseguir un equipo de trabajo humano de éxito.

Respetar y convivir, contribuir y vincularse mucho mejor que controlar, separar o centralizar. Separar es sinónimo tanto de agrupar como de disociar, y como en la vida depende de la intención de la acción lo que marca la diferencia. Eso es lo que le da un valor u otro y afecta directamente en la calidad de Grupo que queramos coordinar con el objetivo que nos propongamos.

Separamos acciones en un equipo para especializar actividades, clasificar y para coodinar, pero no solo las responsabilidades sino especialmente las operaciones.

Para que la #motivación de un equipo de trabajo funcione la #comunicación es imprescindible. Las personas deben sentirse parte del grupo, con o sin vinculación, esa decisión es siempre individual y propia.

La realidad siempre aflora en la actuación de un equipo humano.

Existe un modelo de gestión de trabajo muy extendido en nuestra cultura y que casi siempre trasciende a las capacidades individuales de los componentes de un equipo para trascender al grupo las responsabilidades. Se da el caso que un organigrama muy vertical, dónde el que manda, delega en otros, este lo haga desde la desconfianza y el control.

Esta tipología de gestión profesional no es para nada fructífera, lo habitual es que aparezca el miedo, las dudas y la incomunicación características del ámbito personal mezclados en aparentes ordenes y cumplimientos propias del ámbito profesional.

Entre lo personal y lo profesional, lo mejor que le puede pasar a un equipo es que haya un profesional que le interese ambas cosas.